A Una Vez la Montaña y el Valle (Ejercicio o parábola para un libro de los medianos)
A Una Vez la Montaña y el Valle (Ejercicio o parábola para un libro de los medianos)
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Era verano. Hay tiempos en que es siempre verano (los tiempos éstos coinciden mayormente con los meses del verano). En más o menos el mismo día, la misma generación, la misma era -que tanto da-, muchos espíritus, en variaciones distantes del mismo sitio, empezamos a encontrarnos. No nos encontrábamos en quienes éramos ni en las circunstancias que atravesábamos, sino que al modo bidimensional de una trama nerviosa nos conectaban el método, la sintonía, el lazo semántico que establecíamos a cada instante entre quien soy y quien estoy. Como a todos los demás, me tocó ver a la mayoría de lejos, de muy lejos; verles como estelas precisas, impecables, del movimiento de lásers que incendiaban las nubes. Al cabo, todos nos sabíamos la estela, y el láser, y la nube, y sobre todo el verbo de ese fuego, y entonces también la conciencia de los cuatro, y la conciencia de esta conciencia que ya hacía lugar a más conciencias de estela y de láser y de nube y sobre todo del hacerse fuego, y éramos concientes todos de ser la conciencia de todas las conciencias, y nos encontrábamos entonces sin darnos cuenta ni habernos procurado, allí donde la trama se dolía y nos parecíamos peligrosamente a los cavilantes, porque la vida cavilaba por nosotros, a los innúmeros bordes del abismo de sentido.
*** ¿Prefieres leerlo impreso? Está aquí.
Hay un camino largo pero corto para arribar a la meta. Es largo pues requiere de arduo esfuerzo, estudio, y rectificación de la mente para que ésta conduzca cuerpo y corazón, sumisos a ella, de modo certero. Y es corto a la postre, como explica Rabi Shneur Zalman en el Tania, porque si lo sigues sin yerro ni vacilación, te lleva directo a la meta. Mas, ¿qué hará el poeta, el ludópata que no sabe no hallar metáforas por todos lados, cuya mente comprende, mientras su corazón pide fervientemente bien por cuenta propia, y vuela en palabralas incontenibles? El camino del Tania promete de algún modo que trascenderás la mente pensante, conciente, en el horizonte de su guía: una conciencia natural e inefable de la verdad se hará sustancia de tu corazón. “A una vez la montaña y el valle” se propone esbozar un laberinto jasídico de metáforas, un puzzle todas cuyas partes constituyen al hombre que camina, como el Loco del Tarot que igual sabe el Tania de memoria, haciendo de su verdad libertad.
Hay un camino largo pero corto, que me guía a aprehender de fuera de mí las formas que mi corazón ha de revelar en su máxima plenitud. Este libro habla de su complementario: el camino corto como un flechazo directo al corazón, que te hace saltar largamente en uno y otro sentido hasta parecer que danzas con la locura, mientras revelas el enigma de tus mejores formas desde dentro. Dicho en palabras de Nad: “Yo comprehendo mis circunstancias, me constituyo con ellas, y cuanto más justamente las aprecio más dentro de lo inmanente puedo ver, de lo que no cambia, de lo que sólo se reedita a mis manos en metáforas progresivas de un texto que llevo inscripto en el corazón y que no veo”. A lo que gustará responderle Gar: “Por eso es que duele saber; porque a la postre, todo depende no de qué sabes, sino de quién eres en cada instante preciso”.
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